Alexis Carrel comentaba en la incógnita del hombre: "En realidad, nuestr aignorancia es profunda. Casi todas las preguntas que se plantean quienes estudian a los seres humanos permanecen sin respuesta. En nuestro mundo interior hay inmensas regiones aún desconocidas. Si Galileo, Newton o Lavoisier hubieran aplicado su potencia intelecual al estudio del cuerpo y a la conciencia, probablemente viviríamos hoy en un mundo diferente." En general caemos en el engaño de creer que nos conocemos, pero Carrel tiene razón al sugerir nuestro conociemiento de nosotros mismos es el más deficiente de todos. Pocos de nosotros comprendemos el delicado equilibrio que nuestro cuerpo mantiene, por no mencionar la fuente de nuestros sentimientos y deseos. Sin embardo, sin saber estas cosas no podemos dar una respuesta sensata a nuestra pregunta: "Dónde reside la vida humana?" Y es una tontería tratar, siquiera, de estudiar imponderables tales como la vida después de la muerte. Siendo así las cosas, resulta cuestionable que estemos en situación de llevar una vida plena o de abrir un sendero a la felicidad humana, en el entido en que Carrel lo proponía. En mi opinión, comprender dónde reside la esencia de la propia vida es el punto de partida para una filosofía de la vida. También puede ser la meta última de la filosofía. Como mínimo, comprender la propia vida es una condición necesaria para llevar una vida plena y feliz.
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